sábado, septiembre 02, 2006

CUENTO.
Días como hoy.-Me hubiese gustado ser como tu pero no puedo, me hubiese gustado mucho ser así, pero mis reacciones son otras. Fue lo que dijo la mujer de rojo que mira de reojo, después me dijo que no la tocara que ella no admitía que yo por si acaso la tocara, -ni un solo pelo- y coloco la cara de enojo, como si realmente me odiara, así que sentí ganas de salir, de explotar, de nada hacer al final, y eso fue lo que hice, nada.
Ella espero una reacción mía y no obtuvo resultado. Así que fue ella la que salio corriendo tirando puertas, ahí yo en mi estado de nada, deje pasar el momento. Ella enfurecida queriendo acabar con todo lo que había a su paso, atino solo a romper un aparato electrónico de música cassete, después comenzó a despotricar contra mí, contra mi familia, contra mis amigos, contra cualquier cosas que llegaba a su cabeza. Aterrada ante mi no reacción, pues no reaccione en momento alguno, salio rápido del lugar, y hasta ahora no se nada de ella, la verdad no quiero saber más. Fue así que termino todo. Lo que empezó un día por ahí.
La vi caminando desarreglada y flaca, medio quemada y de cabellos mal teñidos rubios en cola, la vi de espaldas, ósea que no le vi la cara, mal podía distinguirla después, hasta conocerla como hoy la conozco, solo tiempo después llegue a la conclusión de que fue ella la que me impresiono tanto, y fue ella misma la que vi de espaldas aquel día.
En el cine estuve mirando la cartelera y los dibujos de las películas, ahí sentí que alguien me miraba, como cuando la nuca te habla, y me di la vuelta, vi unos ojos mirar a otro lado, y luego volvió a verme, después di una vueltita por el lugar, ella hizo lo mismo, ahí sabia que era ella la que estaba ahora medio que ignorando, medio que mirando, y yo claro, no deje de verla, pues su semblante me llamo la atención de algo -que solo ahora caigo en cuenta- que no supe, me acerque a pedir un café al pequeño restaurante de comida rápida, ella estaba detrás de mi, pidiendo alguna cosa, me dirigí a pedir la orden al garzón, ella parece que hizo lo mismo, así que quedo siempre detrás de mi. En cuanto tome a sorbos cortos el café ella me sonreía y obviamente tonto si no le hablara algo, así que fue lo que inmediatamente hice.
-hola.
-hola. Me respondió ella.
-me llamo tal.
-mucho gusto. Me dijo.
-Que haces un día como hoy tan sola.
-Estaba queriendo ver alguna buena película pero creo que no entrare pues no hay nada que me guste.Le ofrecí sentarnos en las mesas del lugar, así que le hice un ademán como insinuando e invitando a tomar asiento, así que ella me siguió sin yo dejar de sonreír, a lo cual llegando al lugar me adelante en mis pasos, y recorrí la silla para ella, ella accedió a tomar posición del lugar y sonriendo me hizo un gesto para que le pasara un jugo de maracuyá que ella había pedido, para lo cual retorne en mis pasos y recogí además mi tasa de café, al volver otra vez sobre mis pasos observe su figura, sonreí y me senté en la mesa redonda de mármol del lugar, comencé preguntando
-a que ella se dedicaba.
ella hablo que trabajaba como funcionaria publica, a lo que yo manifesté que talvez a mi me interesaría también ese tipo de trabajo, le pregunte también sobre, de donde ella era, pues el acento no era del lugar, a lo cual me contó que era del interior, de una ciudad intermediaria dedicada al comercio de transito con la Argentina, y que estaba poco tiempo en la capital, en la conversación hablamos de muchas cosas interesantes, hasta que el jugo y el café acabaron, ahí yo sugerí ir a otro lugar, lo cual fue bien recibido por ella, siempre sonriendo, siempre alegre, salimos de ahí, y en la calle ya el día estaba favorable para una cerveza lo cual fue aplaudido por ella. Después de beber algunas, y de mucho conversar llego el momento de retirarnos del lugar, así que le pregunte.
-me das tu numero de teléfono pues la verdad quiero volver a verte muchas veces mas.
A lo que ella saco de su cartera un bolígrafo y en un papel color rosa escribió su nombre y su teléfono.
Pedí la cuenta, pague, y me largue con ella del lugar. Caminamos pocos pasos y le agarre de la cintura, ahí no mas comencé a besarla, y besarla, ella siguió mi ritmo de besar lo cual me gusto mucho, desde ahí mantuve una relación con ella hasta hoy.

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